Lo que pudimos

27.02.2015

 

Nuestro momento pudo ser indestructible

pudimos haber tenido la fuerza de la risa y los recuerdos

los viajes en nuestros ojos

el aliento de varios aires en nuestras bocas

la voz del primer encuentro en nuestros besos

 

El mar pudo haber acompañado nuestra espuma

enmudecer avergonzado

dudoso de su ímpetu

 

Los andes de este lejano país pudieron ser nuestra nostalgia

cuando viejos en el blanco invierno

ardiéramos en la llama de los tiempos

 

Nuestros hijos pudieron tener un rostro

tus bellos ojos cielo

o los míos obscuros

como esta tristeza

 

Hicimos lo que pudimos:

ya nada es posible

 

 

El Matallana

Danach? – Después? – Afterwards?

“Danach? Was er danach tun würde? Er wußte es nicht. Vielleicht wieder sein gewohntes Leben aufnehmen, vielleicht heiraten, vielleicht einen Sohn zeugen, vielleicht nichts tun, vielleicht sterben. Es war ihm völlig gleichgültig. Darüber nachzudenken erschien ihm so sinnlos, als dächte er darüber nach, was er nach seinem eigenen Tode tun sollte: nichts natürlich. Nichts, was er jetzt schon wissen könnte.”

“¿Después? ¿Qué es lo que haría después? No lo sabía. Quizá retomar su vida normal, quizá casarse, quizá engendrar un hijo, quizá nada, quizá morir. Le era totalmente indiferente. Pensar acerca de eso le parecía tan carente de sentido como pensar sobre qué debería hacer después de su propia muerte: nada, naturalmente. Nada que él pudiera saber ahora.”

“Afterwards? What would he do afterwards? He did not know. Perhaps resume his normal life, perhaps get married, perhaps beget a son, perhaps nothing, perhaps die. He couldn’t care less. To think about it seemed to him so futile as to think what he should do after his own death: nothing, of course. Nothing that he could know right now.”

Das Parfüm (1985), Kapitel 48. Patrick Süskind (1949).

Temo, Lídia, o destino. Nada é certo.

Temo, Lídia, o destino. Nada é certo.

Em qualquer hora pode suceder-nos

O que nos tudo mude.

 

Fora do conhecido e estranho o passo

Que próprio damos. Graves numes guardam

As lindas do que é uso.

 

Não somos deuses; cegos, receemos,

E a parca dada vida anteponhamos

À novidade, abismo.

 

 

Fernando Pessoa* (1888-1935)

*Odes de Ricardo Reis. Fernando Pessoa. (Notas de João Gaspar Simões e Luiz de Montalvor.) Lisboa: Ática, 1946 (imp.1994).- 159.

http://arquivopessoa.net/textos/2716

Marea Sensual

Octubre 16/04

 

El mar aumenta gradualmente

hasta que se desborda.

 

Poco a poco se incrementan los niveles

y la isla desolada se hunde irremediablemente.

 

Al ritmo atrayente de la luna,

las distintas mareas se suceden,

van y regresan,

en fluidas danzas y vaivenes,

acarician hondamente la arena

penetrando con su espuma incontenible.

 

Es un cambiante equilibrio,

ancestral,

armónico,

que arremete fiero e impetuoso

cuando el satélite se hincha o renace

y que descansa casi apacible

bajo el tenue brillo de los cuartos.

 

El Matallana

“La abeja sabe quién es”

Menzel: Exacto. Así funciona nuestro pensamiento. Nos imaginamos diferentes posibilidades y las debatimos en nuestro mundo interno. Y al parecer así también piensa la abeja. Claramente ella puede mentalizar o memorar algo que no está ahí. Y en eso puede notarse que la abeja no sólo tiene una visión del mundo sino también de sí misma. Cuando ella se decide por una u otra cosa está prediciendo el resultado de sus propias acciones. Para eso necesita, por ejemplo, experimentar y simular su propio cuerpo. La abeja sabe quién es.

Klein: ¿La abeja tiene alma?”

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Klein: ¿Se podría imaginar cómo sería ser una abeja?

Menzel: Yo experimento eso sobre todo en mis sueños. En ellos puedo volar como un insecto. Siento: no se trata de un vuelo de pájaro, sino de una vibración. Levito y paso entre las ramas, las flores son gigantes. Y percibo los colores como lo hace la abeja: No hay color rojo, pero en cambio sí maravillosas tonalidades de azul. Las frutas maduras alumbran coloridas entre las hojas grises. Puedo ver incluso ultravioleta: ¡En ese color las flores tienen patrones! De vez en cuando me encuentro con abejas raras que se han vuelto cuadrúpedas. Las piernas de adelante han evolucionado en tijeras y cuchillos. Con ellos desmenuzan frutas y rellenan el mus en sus bolsas de ala.

Klein: Tal vez así soñaría una abeja. Pero los insectos no sueñan.

Menzel: ¿Eso es lo que cree? Ya no estoy tan seguro de eso. Las abejas duermen. Y así como nosotros los humanos y otros mamíferos, ellas mejoran su memoria durante el sueño. Actualmente estamos haciendo experimentos sobre eso. Es interesante observar que las abejas necesitan más sueño entre más complicadas sean las cosas que deban memorizar. Igualmente hemos observado que las abejas también tienen diferentes fases de sueño. Cuando las personas soñamos de manera intensa movemos los ojos de un lado para el otro bajo los párpados cerrados. Hemos observado algo similar entre las abejas: Durante el sueño comienzan de repente a batir salvajemente sus antenas. ¿Quiere verlo?”

 

STEFAN KLEIN

Nacido en 1965, es biofísico y autor de libros. Hace poco fue publicada su obra Sueños: Un viaje a nuestra realidad interna (S. Fischer). Lleva a cabo diferentes conversaciones con científicos para la revista ZEITmagazin.

 

RANDOLF MENZEL

Nacido en 1940, fue el director del Instituto de Neurobiología de la Universidad Libre de Berlín entre el año 1976 y el 2008. Es reconocido como una autoridad en el estudio de la inteligencia de los animales y al mismo tiempo como uno de los investigadores del cerebro más importantes de Alemania.

 

http://www.zeit.de/zeit-magazin/2015/02/bienen-forschung-randolf-menzel

“Die Biene weiß, wer sie ist”

Menzel: Genau. So funktioniert unser Denken. Wir malen uns verschiedene Möglichkeiten aus, und die verhandeln wir dann in unserer inneren Welt. Und so scheint auch die Biene zu denken. Offenbar kann sie sich etwas vergegenwärtigen, was gar nicht da ist. Und dabei hat sie nicht nur eine Vorstellung von der Welt, sondern auch von sich selbst. Wenn sie sich für oder gegen etwas entscheidet, sagt sie Ergebnisse ihres eigenen Handelns voraus. Dazu braucht sie zum Beispiel ein Erleben und eine Simulation des eigenen Körpers. Die Biene weiß, wer sie ist.

Klein: Hat die Biene eine Seele?”

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Klein: Können Sie sich eigentlich vorstellen, wie es sein mag, eine Biene zu sein?

Menzel: Ich erfahre das vor allem in meinen Träumen. Darin kann ich fliegen wie ein Insekt. Ich spüre: Das ist kein Vogelflug, sondern es rüttelt. Ich schwebe zwischen Zweigen hindurch, die Blüten sind riesig. Und ich nehme die Farben so wahr wie eine Biene: Es gibt kein Rot, dafür wunderbare Schattierungen von Blau. Die reifen Früchte leuchten bunt zwischen den grauen Blättern. Ich meine sogar, dass ich Ultraviolett sehen kann: Die Blüten tragen Muster in dieser Farbe! Gelegentlich begegne ich auch seltsamen Bienen, die Vierbeiner geworden sind. Ihre vorderen Beine haben sich zu Scheren und Messern weiterentwickelt. Damit zerkleinern sie Früchte und stopfen das Mus in ihre Flügelsäcke.

Klein:  Vielleicht würde eine Biene so träumen. Aber Insekten träumen nicht.

Menzel: Meinen Sie? Ich bin mir da neuerdings nicht mehr so sicher. Sie schlafen. Und wie wir Menschen und andere Säugetiere, so verbessern sie ihr Gedächtnis im Schlaf. Wir machen gerade Versuche dazu. Interessanterweise brauchen Bienen umso mehr Schlaf, je kompliziertere Dinge sie sich einprägen sollen. Wir haben gesehen, dass Bienen auch verschiedene Schlafphasen haben. Wenn wir Menschen besonders intensiv träumen, bewegen wir unter den geschlossenen Lidern die Augen schnell hin und her. Bei den Bienen beobachten wir etwas Ähnliches: Plötzlich fangen sie im Schlaf an, wild mit ihren Antennen zu schlagen. Wollen Sie es sehen?”

STEFAN KLEIN

geboren 1965, ist Biophysiker und Autor. Zuletzt erschien von ihm Träume: Eine Reise in unsere innere Wirklichkeit (S. Fischer). Für das ZEITmagazin führt er regelmäßig Gespräche mit Wissenschaftlern.

RANDOLF MENZEL

geboren 1940, leitete von 1976 bis 2008 das Neurobiologische Institut der Freien Universität Berlin. Er gilt als Autorität auf dem Gebiet der tierischen Intelligenz und zugleich als einer der bedeutendsten Hirnforscher in Deutschland.

http://www.zeit.de/zeit-magazin/2015/02/bienen-forschung-randolf-menzel

Zeitlupe or “time magnifying glass”

This word evokes a beautiful image in a very simple way. The first part (Zeit-) means “time”, the second part (-lupe) means “magnifying glass”. If you put the two words together you would say something like “time magnifying glass” or “magnifying glass of time” (Zeitlupe). Could you imagine what this word really means? Take some minutes to think about it before you read the answer…This word is a gorgeous example of a visual onomatopoeia, it is the transformation of a visual phenomenon into words that have a meaning full of aesthetic. This word is a memory of how the language is created by our interaction with reality, and how the language can go beyond the merely descriptive and show not only our original capacity to be astonished but also our poetic perspective. Zeitlupe is the German word for “slow motion”.

El Matallana

Zeitlupe o “la lupa del tiempo”

Esta palabra evoca una imagen bella de manera muy simple. La primera parte de la palabra (Zeit-) significa “tiempo”*, la segunda parte (-lupe) significa “lupa”. Si unes las dos palabras dices algo así como “lupa del tiempo” (Zeitlupe). ¿Puedes adivinar el significado de esta palabra? Toma unos minutos para pensar antes de leer la respuesta… Esta palabra es un hermoso ejemplo de una onomatopeya, es la transformación de un fenómeno visual en letras que cobran un sentido provisto de estética. Es un recuerdo de cómo se forma el lenguaje a partir de nuestra interacción con la realidad, y de cómo el lenguaje puede ir más allá de lo descriptivo y mostrar no sólo nuestra capacidad original de asombro sino también nuestra perspectiva poética. Zeitlupe es la palabra alemana que expresa lo que en castellano se conoce como “cámara lenta” y en inglés como “slow motion”.

*El artículo (die) de la palabra tiempo en alemán es el mismo que denota lo femenino, así  que decir die Zeit  en alemán se podría comparar con decir “la tiempa” en castellano.

El Matallana