Aire de entonces

El aire de un abrazo de ríos sin deseo.

Los árboles, un aire vegetal de palomas.

La tarde era un ligero movimiento del párpado,

y la escarcha, la espuma fácil de tu sonrisa.

 

La veleta era el viento clavado en una espina.

Tu niñez, la distancia que había entre los lirios.

Orilla de tu sueño y pestañas de música

era entonces el ojo limpio de la mañana.

 

Venías de más lejos que un hombre de un olvido.

En tu lejana sangre había brumas y mástiles.

Entonces yo era triste y miraba el silencio

creyendo que el silencio era la oscuridad.

 

Todo mi afán de viajes ancló sobre tu piel

que iba bajo el sol sosteniendo la luz;

proa, el pecho hendía dulcemente los días

y el corazón sabía cómo es de azul el mar.

 

Por cada rosa un sitio en el aire tus hombros

dejaban redondeado por dónde tú pasabas,

y el viento en tus cabellos era sólo un pañuelo

estampado de aromas y soplos de colores.

 

Tus ojos no tenían color que yo pudiera

decir como palabras: «saúz»  o  «golondrina».

corrías como el agua y el agua de tu risa

subía a los tejados a hacer la tarde clara.

 

Hoy que ni los espejos saben cómo mirabas

cuando tu edad de lino te daba a las rodillas;

yo te recuerdo y digo simplemente las cosas

como si las sacara de una gota de agua.

 

Era entonces el tiempo dulce de nuestro encuentro.

La saeta era un rumbo sin ¡ay! en la llegada.

El jazmín, un recuerdo de olor en tu memoria.

Y el bronce era una brisa con olor de campana.

 

Jorge Rojas (1911-1995)

http://amediavoz.com/rojas.htm#AIRE DE ENTONCES

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