Te vengo a cantar – Grupo Bahía*

Una gota de agua, una noche, una luna nueva me hace recordar,

siendo el pensamiento una cosa volátil yo no sé porque no te puedo olvidar…

Olvidar, para que olvidar, para que olvidar esos momentos lindos…

Olvidar, para que olvidar, para que olvidar esa felicidad…

 

Buscando un poco de paz y buscándote a ti yo me perdí,

me perdí, me perdí, me perdí, me perdí, pero yo aprendí:

 

Aprendí que para hallar la luz, hay que pasar por la oscuridad.

 

Aprendí que para uno encontrarse tiene que buscar en la raíz,

en la familia, en el pueblo, en la tierra, allí donde un día tú fuiste feliz.

 

Aprendí que perder y perdonar son dos remansos que le dan a uno tranquilidad.

 

Aprendí que no soy sólo yo y que somos muchos más:

muchos más soñando, sintiendo, viviendo, buscando la felicidad.

 

Aprendí que el camino es largo, que el camino es duro, pero se puede llegar,

aprendí que el camino es largo, que el camino es duro, pero se puede llegar.

 

Una gota de agua, una noche, una luna nueva me hace recordar,

siendo tú la mujer más divina, fantasía que Dios un día hizo realidad,

realidad para deleitarme, para navegar en tus encantos de mujer,

realidad que fue mi verdad, pero un día te fuiste sin más nunca regresar…

 

Con tanto sentimiento acumulao

y con el corazón aquí guardao,

con tanto sentimiento acumulao yo te tuve que vení a cantá…

 

Me salgo de mi concha y (yo te vengo a cantá)

Ehhh por la madrugá, por la mañanita (yo te vengo a cantá)

Te vengo a cantá, morena (yo te vengo a cantá)

Y con mi guitarra y bajo el palmar (yo te vengo a cantá)

Por el río Guapi, arriba en mi champita yo me vine (yo te vengo a cantá),

buscándote por la orillita (yo te vengo a cantá),

con el corazón lleno’ e sentimiento (yo te vengo a cantá)

me dejaste en un mar de sufrimiento (yo te vengo a cantá)

 

Me salgo de mi concha y (yo te vengo a cantá)

te vengo a contar mi historia (yo te vengo a cantá):

Me caía, me paraba, me perdía, aprendía y yo seguía (yo te vengo a cantá)

En una noche estrellada te volviste un sueño y fantasía de Dios (yo te vengo a cantá)…

Duele, duele, duele, duele, negra linda vuelve ya (yo te vengo a cantá),

te canto esta serenata de amor (yo te vengo a cantá)…

 

Ahora yo vivo mi vida bien sabrosito y cantando

¡porque la vida es un goce y felicidad! (yo te vengo a cantá)

 

Te vengo a cantá….

 

* “Grupo Bahía, composición del maestro Hugo Candelario González. El video fue dirigido por Nicolás Cabrera y Luis Antonio Delgado, en asociación con Juan Martín Fierro de Music Media Colombia (www.musicmedia.com). Se grabó del 2 al 6 de junio de 2011 en Guapi, Cauca, tierra natal del maestro Hugo Candelario y es un homenaje a la gente, al paisaje y a la música de este rincón del Pacífico colombiano. La canción hace parte del álbum “Con el corazón cerca de las raíces”, de 1998.”

 

Enlaces relacionados:

http://www.radionacional.co/noticia/hugo-candelario-y-el-grupo-bah-en-conversaciones

https://es.wikipedia.org/wiki/Hugo_Candelario

http://grupo-bahia.blogspot.de/

Sobre percepciones y puntos de vista “realistas”

“El historiador Will Durant logró una gran hazaña en resumir el punto de vista de Kant en una sola frase: “El mundo como lo conocemos es una construcción, un producto terminado, se podría decir que es casi un artículo manufacturado, al que no sólo la mente contribuye con formas que moldean, sino también las cosas con su estímulo”. Kant argumentaba que la percepción de una persona de una cabeza flotante, por ejemplo, es construida por el conocimiento que la persona tiene de cabezas flotantes, su memoria de cabezas flotantes, su creencia en cabezas flotantes, su necesidad de cabezas flotantes, y a veces (pero no siempre) la presencia de una cabeza flotante. Las percepciones son retratos, no fotografías, y la forma de las percepciones revela tanto la mano del artista como las cosas retratadas.

 

Esta teoría fue una revelación, y en los siglos que siguieron los psicólogos la extendieron al sugerir que cada individuo hace más o menos el mismo viaje de descubrimiento que hizo la filosofía. En los años 20, el psicólogo Jean Piaget notó que la niña pequeña* se equivoca a menudo en distinguir entre su propia percepción de un objeto y las propiedades que el objeto efectivamente tiene, debido a que tiende a creer que las cosas realmente son como parecen (y además que otros ven el objeto así como ella lo hace). Cuando un niño de dos años ve que su compañera de juego abandona el cuarto, y después ve que un adulto saca una galleta de un tarro para esconderla en una gaveta, el niño espera que su compañera de juego al regresar mire en la gaveta (sin importar el hecho de que su compañera no estaba presente cuando el adulto movió la galleta de lugar).

 

¿Por qué? Porque el niño de dos años sabe que la galleta está en la gaveta y por eso cree que todos los demás también lo saben. Sin hacer distinción entre las cosas en el mundo y las cosas en la mente, el niño pequeño no puede entender cómo diferentes mentes pueden contener cosas diferentes. Por supuesto, a medida que aumentan en madurez, los niños pasan de su fase de realismo a su fase de idealismo, dándose cuenta que las percepciones son sólo puntos de vista, que lo que ven no es necesariamente lo que es, y que por eso dos personas pueden tener diferentes percepciones o distintas creencias sobre la misma cosa. Piaget concluyo que “el niño es realista en su pensamiento” y que “su progreso consiste en liberarse a sí mismo de ese realismo inicial”. En otras palabras, como los filósofos, la gente común y corriente comienza como realista pero supera esa fase a tiempo.

 

…Pero si el realismo se va, no se va muy lejos. La investigación ha demostrado que incluso los adultos actúan como realistas bajo ciertas circunstancias…”

 

*Se hace referencia a ambos géneros, obviamente.

Traducción (no oficial) de una parte del libro de Daniel Gilbert: Tropezando con la felicidad (del original “Stumbling on Happiness”). Vintage, primera edición. Páginas 94-95.

 

El Matallana

“Die Biene weiß, wer sie ist”

Menzel: Genau. So funktioniert unser Denken. Wir malen uns verschiedene Möglichkeiten aus, und die verhandeln wir dann in unserer inneren Welt. Und so scheint auch die Biene zu denken. Offenbar kann sie sich etwas vergegenwärtigen, was gar nicht da ist. Und dabei hat sie nicht nur eine Vorstellung von der Welt, sondern auch von sich selbst. Wenn sie sich für oder gegen etwas entscheidet, sagt sie Ergebnisse ihres eigenen Handelns voraus. Dazu braucht sie zum Beispiel ein Erleben und eine Simulation des eigenen Körpers. Die Biene weiß, wer sie ist.

Klein: Hat die Biene eine Seele?”

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Klein: Können Sie sich eigentlich vorstellen, wie es sein mag, eine Biene zu sein?

Menzel: Ich erfahre das vor allem in meinen Träumen. Darin kann ich fliegen wie ein Insekt. Ich spüre: Das ist kein Vogelflug, sondern es rüttelt. Ich schwebe zwischen Zweigen hindurch, die Blüten sind riesig. Und ich nehme die Farben so wahr wie eine Biene: Es gibt kein Rot, dafür wunderbare Schattierungen von Blau. Die reifen Früchte leuchten bunt zwischen den grauen Blättern. Ich meine sogar, dass ich Ultraviolett sehen kann: Die Blüten tragen Muster in dieser Farbe! Gelegentlich begegne ich auch seltsamen Bienen, die Vierbeiner geworden sind. Ihre vorderen Beine haben sich zu Scheren und Messern weiterentwickelt. Damit zerkleinern sie Früchte und stopfen das Mus in ihre Flügelsäcke.

Klein:  Vielleicht würde eine Biene so träumen. Aber Insekten träumen nicht.

Menzel: Meinen Sie? Ich bin mir da neuerdings nicht mehr so sicher. Sie schlafen. Und wie wir Menschen und andere Säugetiere, so verbessern sie ihr Gedächtnis im Schlaf. Wir machen gerade Versuche dazu. Interessanterweise brauchen Bienen umso mehr Schlaf, je kompliziertere Dinge sie sich einprägen sollen. Wir haben gesehen, dass Bienen auch verschiedene Schlafphasen haben. Wenn wir Menschen besonders intensiv träumen, bewegen wir unter den geschlossenen Lidern die Augen schnell hin und her. Bei den Bienen beobachten wir etwas Ähnliches: Plötzlich fangen sie im Schlaf an, wild mit ihren Antennen zu schlagen. Wollen Sie es sehen?”

STEFAN KLEIN

geboren 1965, ist Biophysiker und Autor. Zuletzt erschien von ihm Träume: Eine Reise in unsere innere Wirklichkeit (S. Fischer). Für das ZEITmagazin führt er regelmäßig Gespräche mit Wissenschaftlern.

RANDOLF MENZEL

geboren 1940, leitete von 1976 bis 2008 das Neurobiologische Institut der Freien Universität Berlin. Er gilt als Autorität auf dem Gebiet der tierischen Intelligenz und zugleich als einer der bedeutendsten Hirnforscher in Deutschland.

http://www.zeit.de/zeit-magazin/2015/02/bienen-forschung-randolf-menzel