One would be foolish to consider oneself better, or even different…

“One would be foolish to consider oneself better, or even different, merely because one could claim something others could not. The crowdedness of family life and the faithfulness of solitude – both brave decisions, or both decisions of cowardice- make little dent, in the end, on the profound and perplexing loneliness in which every human heart dwells.”

Kinder than solitude (2014), Page 61. Yiyun Li (1972).

Yamulemao : Niño del agua azul

A Edgar Matallana, padre

23.01.2017

Cuando me acuerdo de ti me acuerdo de cuando me cantabas Yamulemao para que me durmiera o me entretuviera en algún largo viaje de Cali a Bogotá. Recuerdo la canción, el asiento del bus, la imagen de la ventana, la noche húmeda y tal vez fría afuera…En caso de que no sepas, Yamulemao es la versión colombiana de Diamoule Mawo, una canción compuesta por Laba Sosseh y cantada por él originalmente en un idioma llamado Wólof (que se habla en Gambia, Senegal y Mauritania). Joe Arroyo cantó esa bella canción como le sonaba en castellano: “Yamulemao”. Todo está borroso pero la melodía y tu compañía en aquel viaje en bus se mantienen nítidas en mi memoria:

Ah Yamulemao, ah Yamulemao

Bilie mama mié

Bilie mama mié eh eh

Bilie mama mié

Bilie mama mi eh

Yamuleé mao se se!

También me acuerdo de cuando me hiciste una caja muy bonita de madera y de cuando me construiste un tanque de suministro de agua para los experimentos ahora inútiles de la Universidad del Valle. A medida que pasa el tiempo te recuerdo más. Desprovistas de los problemas de aquel tiempo, puedo sentir en tus palabras el cariño y la impotencia. Ser madre o padre debe ser un oficio muy difícil. Especialmente cuando eres pobre, cuando las cosas no te salen bien, cuando no sabías lo que hacías o no habías aprendido a elegir. O cuando simplemente eres una persona irresponsable (lo que sea que eso signifique realmente) y a duras penas intentas darle un sentido a tu propia vida o embriagarte para ignorar que no tiene. Ni idea, pero ser padre de alguien no debe ser tarea fácil. Fue como fue, lo hiciste como lo hiciste, lo haces como aún lo haces, como es, como eres y como puedes.

A veces me gusta imaginar cómo hubiera sido todo si no hubiéramos sido tan pobres en esos años (y aún), si la carencia no nos hubiera ayudado a sentirnos tan resentidos y perdidos. La pobreza es una de las peores cosas que pueden ocurrirle a alguien. Aún hoy nos separa de algún modo. Antes que padre e hijo somos sobrevivientes. La ciudad de Cali cayó y nos llevó consigo a su abismo. Pero poco a poco salimos del abismo un poco. Yo me convertí en un viajero y tú llegaste a una edad donde pareces más tranquilo. Tengo muchas preguntas sobre lo que has vivido y has sentido. Por ejemplo: ¿qué tanto compartimos?, ¿qué tanto hay de ti en mí y viceversa? Has vivido casi 80 años ya, más de dos veces lo que yo he vivido. ¿Cómo fueron y son tus amistades y amores? ¿Sabían ellas y ellos de mí? ¿Qué les decías cuando hablabas de mí? ¿Qué lugar ocupaba yo en tu vida? ¿Qué ha significado para ti ser padre?

Tantos años, tantos recuerdos, tantos momentos juntos y sobretodo separados, y aún no tengo claro de qué se trata este oficio de ser tu hijo y tu oficio de ser padre, de qué se trata esta relación. Frente al mar mediterráneo, en una pequeña isla entre África y Europa, siento que nos hace falta mucho por vivir y conversar. Escucho Yamulemao y me dan ganas de llorar. No sé muy bien por qué. Cali está muy lejos. La vida inclemente nos ha pasado sin preguntarnos lo que estábamos haciendo y tal vez lo que estábamos perdiendo. Corrimos buscando salvarnos y terminamos siendo otros. Yo ya no soy un adolescente, ni siquiera ya un joven enojado. Aprendí a ser feliz, a amar, a proteger, a engañar y decepcionar. Conocí lugares y lenguas, ojos de todos los colores me miraron con cariño, algunos con amor incluso, cualquiera que sea la diferencia. Todo parece ya muy lejano. El mar se convierte en espuma blanca y se rinde en la bahía. “Ah Yamulemao, ah Yamulemao”. Los turistas desconcertados por mis lágrimas tratan de capturar el mar con sus cámaras. El mar es demasiado inmenso.

 

El Matallana

 

Los días de Don Nilson

Hace poco me visitó un viejo amigo que conozco desde la infancia. Llevaba un buen tiempo que no lo veía porque vivimos en países diferentes. Hablamos de varias cosas y recordamos muchas historias de barrio que vivimos o escuchamos. Las historias empezaron con frases como “¿te acuerdas de don Nilson?” y luego se expandieron por múltiples lugares, recuerdos y pensamientos…

Todos los de nuestro viejo grupo de amigos recordamos a Don Nilson con cariño porque fue un vecino muy cordial de la cuadra donde vivíamos. Don Nilson jugaba alegremente con nosotros, ¡incluyendo videojuegos!, y era muy tranquilo. De hecho lo que más nos gustaba recordar de él era su tranquilidad, su voz amable y la paz que nos transmitía.

“¿Te acuerdas de Don Nilson?”, me preguntó mi amigo con el tono de quien quiere contar algo. Al principio no me acordaba pero poco a poco resurgieron las imágenes de ese tiempo y recordé su sonrisa amigable. Mi amigo que vivió más tiempo que yo en ese barrio conoce cómo se desarrollaron las historias de vida que yo dejé a medias cuando me fui de ahí. Me contó que Don Nilson en realidad tenía dos familias. Una familia era la que nosotros conocíamos cuando yo vivía en el barrio: Don Nilson, su esposa y su hija de más o menos diez años. La otra familia era la de su ex esposa, también con una hija de más o menos doce años. Mis amigos se dieron cuenta de la segunda familia porque por alguna razón la hija mayor se fue a vivir a la casa de Don Nilson.

Para sorpresa positiva de todos, la llegada de la otra hija no pareció cambiar las rutinas de nuestro amable vecino, simplemente había una niña más para jugar. Don Nilson siguió trabajando en su tienda durante la noche (cuando la tienda se transformaba en bar) y su esposa siguió trabajando en la tienda durante el día. Yo también recuerdo a nuestras madres hablando de lo buen padre y lo buen esposo que Don Nilson era. Después de asumir el riesgo y el agotamiento de trabajar durante la noche, le quedaba energía para cuidar de sus hijas durante el día e incluso jugar con gusto con los niños de la cuadra. Don Nilson era un ángel.

Fue difícil creer a mi amigo cuando me contó que nuestro vecino favorito terminó en la cárcel. Dicen que todo fue por causa de los celos que la niña mayor sentía hacia la menor. Su padre brindaba normalmente a ambas el mismo tipo de amor, sin mostrar favoritismos, pero en algún momento el equilibrio se rompió. La mayor contó entonces llorando a su mamá que su papá amaba más a la menor. Tenía que amarla más porque había prometido un día para cada una y sin embargo repetía cada vez más a menudo sólo con la más pequeña. Cuando su hermanita recibía el amor de papá días consecutivos, ella se quedaba llorando al lado de la cama, observando, esperando que él la tocara como era justo…

 

El Matallana